Estoy de acuerdo con Josema en que Tim Burton es un gran director. Narrar mediante la palabra escrita requiere maestría, pero no es la única manera de narrar. La mayoría de las películas son narraciones audiovisuales, y por ello en el cine se explotan las imágenes y se cuida que todas las escenas estén bien seleccionadas y ordenadas.
Tim Burton tiene la capacidad de apropiarse de cualquier historia y contarla con un estilo muy personal y con gran inteligencia.

En Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands) narra la historia de una criatura incompleta llamada Eduardo a la que sólo le faltan las manos para tener una apariencia totalmente humana. Su creador, un viejo inventor que dedicó parte de su vida a dar forma a esa gran obra, murió antes de poder reemplazar las hojas de tijeras en las que terminan sus brazos por unas manos normales. El pobre Eduardo vive sólo en el castillo, pero todo cambia cuando una vendedora de cremas faciales descubre que vive allí y decide llevárselo a su pueblo.
El nombre del barrio es ya revelador: Suburbia. Como es lógico, la llegada de Eduardo se convierte en una bomba que hace volar por los aires la monotonía de Suburbia y aflorar miedos irracionales ante la llegada de un ser nuevo y bastante distinto.
Tim Burton refleja mediante múltiples escenas el hecho de que la vida de esa pobre gente de Suburbia es monótona, descafeinada e inconsistente. Los personajes son, en su mayoría, caricaturas, personajes planos. Pero a mí me parece genial la escena, aparentemente inocente, en la que todos los trabajadores del pueblo salen a trabajar a la misma hora de la mañana de sus casas casi iguales, en sus coches también casi iguales que sólo se distiguen por el color. Eduardo ha pasado ya la noche en el barrio, y ya nada volverá a ser lo mismo.
