
Los vecinos de aquel pueblo (casi abandonado) no pudieron explicar lo que pasó aquel domingo cuando Rodrigo recorrió todo el pueblo hacia la ermita. Algunos hablaron de una maldición, otros de una casualidad o un mal chiste y hubo muchos que nada quisieron saber: un alzar de hombros y un murmullo que sabía a cosas del Señor.
Lo cierto es que todos se durmieron, el gallo no cantó esa madrugada, los despertadores dejaron de sonar y las campanas de la ermita olvidaron tocar al difunto. No acompañaron a los hijos del muerto, Lucía y Diego por las calles desiertas y oscuras. El rojo teñía los balcones porque el sol tampoco había salido aquella mañana. Sólo esa pesadilla implacable persiguiendo las sombras infantiles que andaban despacio tras el lento taconeo de los caballos; el silencio de los patios y las respiraciones plácidas de toda una ciudad soñando. Y aquel viento que se oía como un lamento meciendo los restos malolientes y olvidados de Rodrigo.
"¡Por tu culpa!", gritó el muchacho a la hermana antes de caer sobre el polvo. "Soy pecador, Señor, aparta de mí al demonio. Soy pecador".
Bueno...soy el primero en postear...espero que os guste...
Salu2